¡Que sí! ¡Que nos casamos!
Y podréis pensar que estamos un poco locos, pero toda nuestra historia empezó siendo una locura.
A veces el amor aparece de la forma más inesperada… y en nuestro caso, apareció gracias a dos pequeños expertos en convertir agendas normales en agendas imposibles: Ariadna y Hugo.
Todo empezó cuando nuestros hijos se hicieron inseparables. Querían estar juntos siempre: mañanas, tardes, fines de semana… básicamente, en cualquier momento en el que un adulto pudiera necesitar respirar. Y claro, nosotros éramos los que no podíamos evitarlo, ya que estos dos pequeñajos se cogieron mucho cariño y les encantaba pasar momentos juntos.
Mientras ellos conspiraban para pasar más tiempo juntos, nosotros terminábamos contándonos nuestras mejores historias, nuestros miedos y temores… casi sin darnos cuenta, durante horas y horas. Desde el primer día sentimos una conexión especial, de esas que te hacen pensar: “Esto es demasiado natural… ¿seguro que no nos conocíamos de antes?”.
Entre risas, cafés, anécdotas y algún que otro caos logístico provocado por nuestros hijos, la complicidad fue creciendo. Poco a poco, lo que comenzó como un simple intercambio de conversaciones entre padres se convirtió en algo más… mucho más.
Y así, casi sin planearlo, descubrimos que lo nuestro iba en serio. Tan en serio que hoy estamos aquí, preparando nuestra boda, emocionados y felices porque aquella conexión inicial se convirtió en una historia preciosa… y muy nuestra.
Esta es la historia de Olga y Javi: dos padres que solo intentaban sobrevivir a la energía ilimitada de Ariadna y Hugo… y acabaron encontrando el amor en el camino.
Aquí os dejamos un enlace de Google Maps en el que indica donde se encuentra el lugar en el que vamos a celebrar el gran día, para todos aquellos que no utilicen el BodaBus y vengan por su cuenta.